jueves, 25 de septiembre de 2014

CONVOCATORIA A SEGUNDA VALIDA INFANTIL 2014



La Federación Ecuatoriana de Andinismo y Escalada ha convocado a los deportistas de las categorías infantiles a participar en la Segunda válida infantil "Copa Ciudad de Quito", la misma que se realizará el sábado 18 y domingo 19 de octubre en el complejo de escalada del "Palacio de los Deportes de Concentración Deportiva de Pichincha, en la Vicentina. 

Las delegaciones provinciales deberán inscribir a los equipos provinciales, para lo cual deberán llenar el formulario de inscripción, el mismo que se ha colocado en esta nota para ser descargado, en formato Excel.






lunes, 22 de septiembre de 2014

MEDALLA DE ORO Y PLATA PARA ECUADOR EN EL MUNDIAL JUVENIL DE ESCALADA


CARLOS GRANJA OBTIENE EL PRIMER LUGAR Y ANDREA ROJAS EL SEGUNDO  EN VELOCIDAD EN EL IFSC-WYC

El deportista ecuatoriano Carlos Granja  obtuvo la medalla de oro en la modalidad velocidad tras vencer al representante ruso Petr Zemliakov en la final de la modalidad velocidad, en la categoría juvenil B varones, en el marco del Campeonato Mundial Juvenil que se desarrolla en  Noumea, Nueva Caledonia. El tiempo del compatriota fue de 8.15 segundos, contra los 8.25 del atleta ruso.

Por su parte la deportista ecuatoriana Andrea Rojas obtuvo el segundo lugar y por lo tanto la medalla de plata en la misma modalidad, en la categoría Junior Damas.

Otros resultados destacados en esta misma modalidad son el sexto puesto para Josue Manosalvas, en la categoría Junios varones y el Noveno puesto para Nicole Mejía en la categoría Juvenil A damas.

La Federación Ecuatoriana de Andinismo y Escalada orgullosamente felicita a sus deportistas medallistas y en general al equipo ecuatoriano por su gran actuación en este Campeonato Juvenil.

Los resultados oficiales publicados en la página del IFSC son los siguientes:








viernes, 12 de septiembre de 2014

CONVOCATORIA A SEGUNDA VÁLIDA


COPA IMBABURA 2014

Desde el 2 hasta el 5 de octubre del 2014 la Federación Ecuatoriana de Andinismo y Escalada –FEDAN- realizará la 2da válida del Campeonato Nacional  de Escalada Deportiva, a desarrollarse en el muro de escalada de Yacucalle, en la ciudad de Ibarra, para cuyo efecto ha convocado a las delegaciones provinciales a inscribirse y participar en esta fiesta deportiva.

En el evento denominando “COPA  IMBABURA”, que cuenta con el aval del Ministerio del Deporte y con el apoyo logístico de la Federación Deportiva de Imbabura, se realizarán pruebas en las tres modalidades de la escalada de competición. El jueves 02 se realizará competencias de “velocidad”, el viernes 3 la modalidad de “dificultad”, el sábado 04 las eliminatorias de “bloque” y el domingo 5 las finales de “bloque”, con las que se cerrará esta segunda convocatoria deportiva.

A la justa deportiva han sido convocados los escaladores clasificados en las categorías Juvenil B (15 y 16 años), Juvenil A (16 y 17 años), Junior (18 y 19 años) y Senior (más de 20 años), damas y caballeros, de las diferentes selecciones provinciales del país.  

Los organizadores entregarán medallas de oro, plata y bronce a los tres primeros lugares en cada una de las categorías y modalidades y la “COPA IMBABURA” será para aquella delegación que más medallas de oro haya obtenido.


Para participar en el evento las Federaciones Deportivas Provinciales deberán inscribir a sus escaladores, para lo que deberá llenar la ficha que para el efecto ha preparado la FEDAN y mandarla al correo fedan001@gmail.com; adjunto a esta nota se colocado un enlace para acceder tanto a la ficha como a la convocatoria.



Competencia de escalada deportiva (foto archivo OY)




viernes, 18 de julio de 2014

SEIS HORAS ENTRE EL GUAGUA Y EL RUCO


Un sendero de 14 Kilómetros, a 4000 metros de altura,  entre pajonales, arena y rocas, es un exigente desafío para intrépidos caminantes. 

El conglomerado del Pichincha es una montaña que milenariamente custodia la ciudad de Quito. El coloso de arena y roca cuenta con tres picos principales, muy populares entre los quiteños, amantes del excursionismo y la  aventura. Los principales picos son los vestigios de la intensa actividad volcánica que por miles de años ha experimentado el macizo, a los que desde tiempos coloniales se les ha llamado: “Guagua Pichincha”, “Padre Encantado” y “Ruco Pichincha”.

Como se trata de una caminata larga y exigente hay que comenzar muy temprano, con los primero rayos de sol. Desde Lloa, una antigua parroquia rural al sur occidente de Quito, se renta una camioneta doble tracción que transporte a los aventureros hasta el refugio del “Guagua Pichincha”, sitio en el cual inicia la aventura.

Del refugio a la cumbre del Guagua hay una hora de caminata y 100 metros de desnivel. Los primeros pasos son pausados, para acostumbrarse a la altura y al esfuerzo. Por un arenal claramente marcado, poco a poco, se va ganado altura y calor, para compensar un poco el intenso frio de la mañana montañera.

Luego de atravesar un extenuante arenal y algunas rocas se alcanza la cumbre del “Guagua”  y la primera meta propuesta. Llegar a 4630 metros sobre el nivel del mar es francamente gratificante.

Desde la cumbre del Guagua, mirando hacia el oriente, se divisa los otros dos  integrantes de esta familia rocosa. Separado por “el pailón” un pequeño valle de altura se levanta majestuoso el “Padre Encantado”, la segunda meta de esta fascinante aventura, un poco más atrás, el tercer coloso,  el “Ruco”, el viejo y famoso guardián de la capital.

Desde la cumbre del Guagua se desciende hacia el pailón por un arenal de gran desnivel. Inclinando un poco las piernas, clavando los talones en la arena y dando largas y rápidas zancadas, en 15 minutos se baja lo que en una hora se subió.

La siguiente hora  se va en atravesar el páramo del pailón, un pequeño collado que permite aproximarse  a la base de roca del siguiente cerro. A esta hora de la mañana el sol calienta agradablemente, lo que contrasta con el viento frio de montaña, que de rato en rato silba por entre los pajonales. 

Es casi medio día cuando se ha alcanzado la base del “Padre Encantado”. De aquí en adelante viene la parte más dura de la actividad. Para llegar a las paredes occidentales del “Ruco” es necesario seguir el sendero, que corre sobre el valle ”El Olivo” y salvar un desnivel de casi 200 metros entre rocas, arena, sudor, esfuerzo y en algunas ocasiones incluso lágrimas.

Ascender al Ruco significa subir por las paredes internas de la montaña, convertidas de tramo en tramo en grandes arenales, que ayudan en el descenso, pero que se convierten en un calvario en el ascenso.

A simple vista, desde el sendero a la ventana del “Ruco”, el paisaje es abrumador. Para los ojos de un novato, el encaramarse por esa pared se presenta como tarea imposible, sin embargo con el espíritu de aventura metido entre los huesos, se emprende resignadamente el desafío.

Un paso tras otro, asentando fuerte las pisadas sobre deleznable arenal, siguiendo la huella del antecesor y respirando profundamente, de a poco se va ganado altura. Por dentro se escucha el incesante palpitar del corazón que se desboca, por fuera las piernas, la espalda, todo el cuerpo protesta por el esfuerzo. Solo la cabeza está clara, concentrada, atenta a la meta, al paisaje, al peligro, a la maravilla de la naturaleza plasmada entre arena, rocas, viento y niebla.

Una hora de extenuante ascenso por el arenal y se llega a la ventana del Ruco, al asomarse por esta un nuevo y fascinante paisaje se presenta, los páramos que descienden hasta gigantesca ciudad que circunda la montaña; Quito se presenta con todo su esplendor, colores y contrastes.

Desde este pequeño resalte rocoso, hacia arriba, una nueva meta espera, a tan solo media hora está la cumbre del Ruco. Ahora la técnica es diferente, es la hora de la escalada. Utilizando piernas y manos se debe ir encaramando roca tras roca. La adrenalina reemplaza al cansancio y la atención se pone en su mejor momento, hay que pensar lo que se hace y estar muy atento a las piedras, que de cuando en cuando, a algún desprevenido compañero se le escapa.

Llegar a la cumbre es alcanzar el cielo con las manos, dicen los montañistas y la frase se hace literal cuando una nube se posa sobre el coloso, pero cuando está despejado el paisaje es grandioso: picos, páramos, vegetación, ciudad y caminantes completan la postal.

De cualquier forma, con sol o nublado, con frio, con viento, con cansancio, con sustos, al completar las seis horas  de exigente caminata,  el corazón del  caminante se llena de alegría y gratitud por la aventura lograda.

Subiendo a la cumbre del Guagua

Miembros del grupo El-Sadday durante un descaso

Rumbo al arenal del Ruco


Miembros del grupo El-Sadday en la cumbre del Ruco,
se destaca la presencia de Fabián Zurita (segundo a la izquierda),
fundador del grupo

Mariana utiliza el deporte para ayudar


La profesora, andinista y atleta que ha dedicado su vida al servicio de los demás.


Visito a Mariana Benítez en su casa en Carapungo, un popular suburbio al norte de Quito. Al ver su figura  menuda  y atlética presiento que siempre ha practicado deportes; la cordialidad con la que me recibe me dice lo jovial, alegre y extrovertida que es esta maestra de Educación Física y flamante Jefa General electa del Movimiento El-Sadday, un grupo que impulsa la práctica del montañismo.
En la sala de su aún no concluida casa, luego de un té y el preámbulo de rigor, me cuenta con añoranza su origen en El Àngel, en la provincia del Carchi. Su rostro se ilumina al hablar de sus padres, de sus veinte hermanos y de lo feliz que era en el campo, trabajando la tierra y compartiendo lo poco que tenían, “vivíamos en un ambiente sano y nunca aprendimos cosas malas, siempre nos inculcaron a ser solidarios y a respetar a los otros”, me dice.
Desde niña se dedicó intensamente a la práctica y competencia atlética, a tal punto que dejó su carrera de Economía por la Licenciatura en Educación Física, llegando incluso a obtener una Maestría en esta disciplina.
Trabaja como profesora de Cultura Física en un colegio, pero su gran pasión es entrenar deportivamente a niños, adultos y ancianos de su comunidad, lo hace voluntariamente porque lleva en la sangre su vocación de servicio.
“Entreno un gran grupo en tres horarios, es cansado, pero a mí me agrada; vivo feliz porque esos niños viven felices, porque esos ancianos se mantienen sanos” comenta con mucha pasión.
Ingresó a El-Sadday porque comparte con ellos el gusto por el montañismo, el amor por la naturaleza y el deseo por servir a los demás, “el lema del grupo es “servir es ascender”, por medio del servicio se llega a  la cumbre”, afirma esta líder montañera. Agrega además que al frente de este grupo inculcará a los jóvenes a practicar el andinismo y transmitirles valores como la solidaridad, el compañerismo y la amistad.

Conversar con Mariana Benítez me deja un agradable sabor de boca, siento que aún hay personas que se juegan la vida por los demás, entonces me viene a la mente el final del poema de Brecht “…esos son los imprescindibles”.

Mariana Benítez (de cuclillas, al centro)
y miembros del grupo El-Sadday en la cumbre del Ruco

San Antonio - Catequilla - San Juan - Moran - San Antonio


San Antonio - Catequilla - San Juan - Moran - San Antonio
Ver ruta San Antonio - San Juan - Morán Esta ruta la he calificado como moderada desde mi condición de aficionado a la bicicleta (de fin de semana), apto solo para los ciclo paseos y el "chaquiñan"; es probable que para los ultra fuertes "bicicleteros" de competencia y de grandes retos esta sea una ruta fácil, sin embargo creo que es una alternativa para pasear en familia. El viaje se inicia en el redondel de la Mitad del Mundo, se baja por la Av. Equinoccial, con dirección a las piscinas de San Antonio, se cruza el río Monjas (totalmente contaminado) y se sube hacia la vía que será la prolongación de la Simón Bolívar. Casi frente a la salida (marcada en el “track”) se encuentra una entrada al cerro Catequilla, claramente definida por dos flechas sobre la pared de la casa esquinera. Aquí comienza la primera gran cuesta, la misma que debe salvar un desnivel de casi 160 metros de altura en alrededor de 2 kilómetros de recorrido, es decir (si mis cálculos no me engañan) una pendiente promedio del 8%, lo que para un común mortal (“bicicletero" de fin de semana, como ya dije) es sudar la "gota gorda". Alcanzado el collado que une al Catequilla con la loma Jarata (nombre que consta en la carta topográfica, alguien me dijo que le llamaban " del pajarito") se puede tomar un respiro porque de ahí hacia arriba la pendiente se pone más dura (miren la foto). Por loma Jarata o del "Pajarito" corre un camino carrozable con pendientes de más o menos el 6% en 4 kilómetros, casi desolados; tan solo me crucé con dos colegas bicicleteros que hacían el camino de vuelta, dos bandas de motociclistas acompañados de su inseparable ruido infernal, una volqueta y dos vehículos doble tracción; solo me acompañaron algunos insectos (una moscas gigantes que pican), muchas “lindísimas” aves de varios tamaños y colores (resentidas por el ruido de los motociclistas), un sofocante sol e increíbles paisajes del valle equinoccial, el norte de Quito y toda la cordillera (norte y sur) incluidos nevados y volcanes. El camino se complica un tanto en su trayecto ya que (supongo que por conservación) ha sido regado con ripio (grava, lastre), piedras menudas que en las cuestas hacen patinar a las ruedas (¡...como si no fuera suficiente con los esfuerzos, las pendientes, el sol y los kilos extras...!); como no hay plazo que no se cumpla, ni cuesta que no se acabe, al culminar la misma, el cielo se ilumina porque esplendorosamente se presenta la planicie de Carapungo (Calderón). Desde aquí en adelante todo es bajada, los antiguos asentamientos de San Juan de Calderón y San José de Morán y luego un gran descenso hacia la "Ciudad Bicentenario" y nuevamente la vía que será (cuando?) la prolongación de la Simón Bolívar, vía que me conduce al sitio de salida pasando por la parte posterior de Pomásqui, La Liga, La Pampa, La Contraloría (hoy: Parque Metropolitano Equinoccial) y finalmente San Antonio. ¡…Que lo disfruten…!
San Antonio de Pichincha desde el Catequilla

Cerro Catequilla

Iglesia de San Juan de Calderón

Plaza de San José de Morán

Mitad del Mundo-Rayocucho


RUTA MITAD DEL MUNDO-RAYOCUCHO
Ver la ruta Una ruta sencilla para pasear en bicicleta, en familia, entre amigos o solo(a). Salgo desde el redondel de la “Mitad del Mundo” y tomo la vía que conduce a Calacalí. La carretera, que tiene un promedio de 5 a 6 % de pendiente, es muy cómoda para pedalear, aunque siempre hay que estar prevenido de los vehículos que pasan rozando las orejas, la mayoría de los cuales se dirigen a la zona del occidente de Pichincha (Nanegalito, Mindo, Los Bancos, etc.). Dos puntos de referencia en el camino son: el ingreso a la “ventana del Pululahua” (un mirador turístico al interior de la caldera del famoso volcán) y una capilla a la Virgen María, al lado izquierdo de la carretera; este último marca el final de la cuesta. Desde este punto, hacia la izquierda, hay un sendero que bordea algunas lomas, ramales del Casitagua, muy interesante para los fotógrafos de aves. Concluida la cuesta se sale a la explanada del valle de Calacalí, antes de llegar a esta parroquia se pasa por el un centro de abastecimiento regional de una popular cadena de supermercados; una bomba de gasolina, donde se puede abastecer de agua, hidratantes y alimentos, e incluso dejar el vehículo, si desde aquí se inicia la aventura; y, el ingreso a la Reserva Geobotánica del Pululahua (sector Moraspungo), un lugar para muchas actividades de senderismo y bicicleta de montaña. A algo más de un kilómetro de la “Y” de Calacalí, continuando por la carretera, se toma a un camino adoquinado que conduce a Rayocucho. Desde este punto hasta el destino final hay cuatro kilómetros; la primera parte por terreno adoquinado, y luego por un camino de tierra y arena, relativamente plano. A lo largo del camino se puede observar diversas plantaciones, especialmente maíz e incluso una finca que producen “hongos comestibles y medicinales”. Antes de llegar al centro del pueblo, hay un desvío (marcado en el “track” como ‘vía a Cotocollao”), por el cual se asciende al Casitagua. El objetivo de esta guía es solo Rayocucho, para lo cual hay que seguir el camino recto, sin embargo, con ganas de explorar un poco me adentro por un complicado sendero. Un camino bastante deteriorado por el cual circulan, supongo que con mucha dificultad, vehículos, bicicletas y motos (a decir de los moradores del sector). La ruta, conformada básicamente por arena, tiene una gran pendiente (12 a 13 % en promedio, en algunos tramos mucho más), por lo que me imagino que solo es apta para ciclistas fuertes y experimentados; un ciclista de medio pelo como yo, tiene que recurrir a la técnica más práctica para subir cuestas empinadas: ¡bajarse y empujar!. En esta aproximación solo pude explorar hasta media montaña, sin embargo por lo que me dijeron y lo pude constatar visualmente (y luego en casa también, gracias a la magia del “Google Earth”) es posible llegar hasta la arista del volcán y por ahí descender a Cotocollao. Con mejor preparación, más ganas y más tiempo, seguro logro culminar la ruta. Regreso, con mucho cuidado en el descenso, una vez en el camino plano continuo hasta la zona central de Rayocucho en donde se levanta una sencilla iglesia; frente a esta, en una cancha de futbol se desarrolla un vigoroso partido por el campeonato local, cuyos jugadores “sudan la camiseta” con más entusiasmo y ahínco que los mundialistas y los espectadores, parientes y vecinos, se juegan un partido a parte con gritos y bromas de alto tono, que dan al encuentro el sabor coloquial de un domingo de pueblo. Yo disfruto del partido y de unas deliciosas, empanadas del viento, que me prepara doña María Lema, mientras me cuenta sobre la zona y sus moradores. La zona de Rayocucho es un barrio perteneciente a la parroquia rural Calacalí, del cantón Quito, un antiguo caserío producto de la antigua hacienda “El Carmen de Rayocucho”; un pintoresco pueblo disperso asentado al interior de lo que parece ser la caldera del extinto (?) volcán Casitagua. Hacia el fondo del camino hay una hostería, me dice. Luego del ver el final del primer tiempo, saborear las empanadas y una amena charla, emprendo el retorno a casa por el mismo camino que hasta aquí me trajo; regreso contento, algo cansado, pero con una agradable sensación que me hace realmente ¡sentirme vivo!