Una caminata sencilla, un paseo de domingo entre
amigos o familia, pensada para personas que están acostumbradas a realizar
algún tipo de actividad física; a los totalmente sedentarios seguro les costará
un mayor esfuerzo.
La actividad comienza en el mirador del
Pululahua, al que se llega desde el redondel de la “Mitad del Mundo”; desde
este, siguiendo la carretera que va a Calacalí, a cuatro kilómetros encontramos
un desvío (Caspigasí) que nos conduce, en pocos minutos, al mirador.
Desde el mirador se tiene una vista
impresionante de la caldera del Pululahua, en cuyo centro se levanta un
magnífico cerro Pondoña, nuestro objetivo. El cerro Pondoña es un antiguo domo
de naturaleza volcánica, viejo testigo
de una gran actividad eruptiva, desaparecida hace miles de años.
Es justamente aquí, en el mirador, donde nos
encontramos, Frida y yo, con la gente de El-Sadday y desde donde iniciamos
nuestra aventura. Frida es una
“cachora” de no más de un año, sobreviviente de un desalmado abandono y
“El-Sadday” es un grupo de
caminantes y montañistas, que incentivan la práctica de los deportes de
aventura como filosofía de vida y escuela de aprendizaje y que todos los años
organizan la denominadas “Ascensiones de Verano”, un programa para llevar a
amigos y aficionados a la montaña.
Luego de un breve calentamiento, dirigido por
Mariana Benítez, profesional de la cultura física y actual Jefa del grupo, y la
charla turística de Pedro, el guía, iniciamos el descenso hacia la caldera, despacio
y con mucho cuidado porque la bajada es un viejo “chaquiñan” bastante arenoso,
con muchas piedras sueltas, muy ¡…muy resbaloso!
Luego de algo más de media hora de tragar
abundante polvo y una que otra dolorosa “sentadita” llegamos a la base de la
caldera, en donde se levanta un pueblo de pequeñas fincas, hosterías y casas
veraniegas.
Acompañados de un intenso sol, atravesamos el
valle, tomando las polvorientas calles del pueblo, hasta llegar a la base del
Pondoña. Desde aquí la cuesta comienza y las sonrisas hasta ahora radiantes, desaparecen.
Comienzan los dolores, los mareos, los calambres, las quejas. Pero un poco más
arriba, luego de mucho esfuerzo, la ilusión gana; el anhelo de llegar, de
cumplir, nos empujan hasta la meta.
Desde la cima del Pondoña (una de las tres del
cerro) el paisaje es magnifico, todos llegamos muy bien y los abrazos y muestra
de felicidad no se hacen esperar, un “guarro” circunvala la montaña y su
magnífico vuelo parece darnos la bienvenida. El rezo de un “tedéum de cumbres”
nos conecta con la fuerza espiritual que a la mayoría nos mueve”; la alegría es
completa.
Que lo disfruten, coméntenme si lo hacen.
Oscar Yépez Gómez
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| Calentamiento previo a la caminata |
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| Mirador del Pululahua |
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| "Chaquiñan" que desciende a la caldera del Pululahua |
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| Cruzando el valle del Pululahua, al fondo el cerro Pondoña |
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| Inicio de la subida al Pondoña |
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| Subiendo al Pondoña |
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| Admirando la vegetación de la zona |
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| Con mucho esfuerzo, siguen adelante |
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| Un sitio ideal para descansar |
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| Los participantes en una de las cumbres del Pondoña |
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| Otra foto de cumbre |